Cualquier alcarreño que cruce el paseo central del parque de La Concordia de Guadalajara sabe que el área infantil era ya más un monumento a la nostalgia -y un peligro de lastimarte-, que un espacio de juego digno para los críos.
Crónica de Andoni Madrid y Cuka Leyre
Por eso, aunque sea con seis meses de retraso a lo anunciado por el edil José Luis Alguacil, ver por fin las vallas de obra y las excavadoras retirando el viejo suelo para instalar las nuevas áreas de madera, pavimento continuo y juegos inclusivos alivia un poco la desazón que sentíamos ante tanta desidia en este sentido en los últimos años.

Hablamos de una inversión municipal de 150.000 euros destinada a renovar de manera integral dos de las tres zonas infantiles del parque más emblemático de Guadalajara. Sobre el papel, la música suena excelente: accesibilidad, materiales modernos y un lavado de cara sumamente necesario para el pulmón verde de nuestra ciudad
Sin embargo, el ciudadano de a pie, perro viejo en esto de ver inauguraciones rimbombantes y parches urbanos, mira a los operarios trabajar y lo hace con una mezcla de alegría contenida y crudo escepticismo.

La pregunta real que se hace todo el mundo en los bancos de alrededor no es si los juegos van a quedar bonitos, sino cuánto van a tardar en romperlos. Y es que el runrún en el parque de la Concordia es siempre el mismo cuando se estrena algo: cuánto durará. No hace falta ser un visionario ni un experto en sociología urbana para predecir el destino del nuevo mobiliario infantil si la vigilancia no acompaña de verdad a la inversión.

Gastarse 150.000 euros de dinero público está muy bien si la obra merece la pena y va a ser disfrutada por un gran número de personas, en este caso cientos de niños de la ciudad. Pero si el plan de mantenimiento, concienciación y, sobre todo, protección brilla por su ausencia, la iniciativa nace coja.
Los vecinos ya están haciendo sus particulares porras; algunos dan de margen hasta las próximas Ferias, mientras que los más pesimistas sugerirán que los primeros grafitis, pintadas y listones rotos llegarán mucho antes de que acabe la presente temporada.

Este ciudadano de a pie, que como el resto de los vecinos de la ciudad, tengo cursado un máster no oficial en ver cómo el vandalismo nocturno, el botellón permitido en los parques y la flagrante falta de civismo de unos pocos devoran el mobiliario urbano a una velocidad pasmosa sin que a nadie parezca importarle se hace numerosas preguntas, que se resumen en una: ¿si renovar los parques infantiles de la ciudad es una obligación municipal básica y se agradece profundamente el desembolso, cuidar y proteger lo que se paga con el esfuerzo económico de todos debería ser la verdadera e indiscutible prioridad del Consistorio? ¿O no?
Crucemos los dedos para que, por una vez, la educación gane al vandalismo y los nuevos columpios aguanten bastante más que las promesas electorales
El Heraldo del Henares