domingo , 27 septiembre 2020

Amor o miedo (I).

No hay casualidades. Todo sucede por alguna razón. No hay señales muy perceptibles, pero con ellas, algunos se dan cuenta antes; otros…, después.

Sin embargo en algunos momentos todo es confuso. ¡Hay demasiado ruido! Eso no ayuda a la tranquilidad. A veces se confunden medias verdades con mentiras, derechos con simples opiniones, manipulación con violencia, odio con intereses, egos y venganza, con política. Jóvenes y mayores, se echan a la calle para reclamar, reivindicar lo que otros deciden que es lo que interesa.

Se puede soportar cierto tiempo la intranquilidad y la llamada post-verdad, incluso la mentira. Pero la multitud y la calle pueden confundirse con la representación del pueblo o con la forma de hacer justicia. Sin embargo tiene que llegar un tiempo en que hay que decir ¡basta! La educación y la paz, son otra cosa.

El crecimiento, el trabajo y el progreso, implican comportamientos personales y sociales responsables. La convivencia y la integración nacen de actitudes internas y libres; necesitan proyectos y directrices atrayentes y ambiciosos. La ley debe cumplirse por y para todos. De ella nace el orden. No se pueden cambiar de un día para otro.

Se necesitan líderes. ¡Por supuesto! Los ha habido y los hay. No confundirlos siempre, con el político de un partido, ni de ningún país. Tampoco con los que nos vendan, machaconamente, los medios que están a su servicio. El respeto a las ideas, las personas y la libertad, son claves para la democracia y para la convivencia.

En el mundo actual el aspecto social y el personal deberían ir de la mano. Pero la historia ha demostrado que la evolución y el crecimiento personal, es irrenunciable. El cambio legítimo que se quiera para la sociedad entraña la vuelta a los valores  y tiene que comenzar en el interior de la persona. Nada cambia si todos gritamos. El cambio interior, silencioso y personal, lo trasforma todo, sin pretenderlo.

Encontrarse esencialmente y salir de la confusión.

           La vida que desprecia el machismo, el alcohol y la droga; la verdad que pretende reescribir la historia, la política del todo vale por un voto y el ruido que se cree más fuerte que el silencio, deberían buscar y encontrar un punto de apoyo, un anclaje, un cimiento seguro.

           La tensión y la confusión social actual engendra dudas y tiene un veneno interno que destruye la persona y lo que en ella es clave: «la certeza de tu ser», (Agustín de Hipona, Gómez Pereira, Avicena o Descartes).

La verdad que sacó de las dudas a Descartes es anterior a él:  «Notando que esta verdad: yo pienso, por lo tanto soy, era tan firme y cierta, que no podían quebrantarla ni las más extravagantes suposiciones de los escépticos, juzgué que podía admitirla, sin escrúpulo, como el primer principio de la filosofía que estaba buscando», R. Descartes, Discurso del método (1637).

           Pero no era solo una certeza filosófica. Como anteriormente dijo Tomás de Aquino, «no estudiamos filosofía para coleccionar opiniones, sino para saber qué hay de verdad en las cosas».

El «yo soy», es una verdad esencial, teológica o teosófica. Esa «sustancia pensante» entronca con la fuente.  Es más,  «esa esencia verdadera que es (somos) cada uno de nosotros, no está limitada absolutamente por nada» ( Una sola esencia. Conversaciones con SAILOR BOB ADAMSON).

Eso es clave, es vida y es vital. Lleva a preguntas trascendentes que con frecuencia  no se formulan o se olvidan con el estrés y el ruido: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy?

Einstein dijo algo de suma importancia. Como personas tenemos dos opciones: «O estamos llenos de amor, o estamos llenos de miedo”. 

Estar lleno de «energía positiva» o del «ego» es tan importante,  que basta con abrir los ojos para comprobar lo que predomina en la sociedad actual.

Como dicen los sabios, no se pide la adhesión a ninguna nueva creencia. «No es asunto de creencias, las creencias no son necesarias en nada de esto. Lo importante es verificar por ti mismo lo que es verdadero, no hay otro camino».

Descubrir esa verdad, no es una técnica, es una vida que nos llena de sentido y a todo cuanto nos rodea. Es esencial descubrir nuestra esencia.

EL militar comunista, EL CAMPESINO que narra el robo más grande del siglo XX, -perpetrado por socialistas y comunistas-, y que tras el fracaso de su coalición en España, huyó a Francia donde se reunió con la cúpula del POLITBURÓ, para escapar en un barco soviético a la U.R.S.S. donde… en lugar de ser agasajado, sufre todo tipo de penalidades dentro del sistema, en la portada de su libro, afirma: «Yo escogí la esclavitud». ¿A eso conduce la coalición, tanto a los individuos como a los pueblos?

Se conozca o no al autor, Valentín González, no podemos seguir perdiendo el tiempo en una guerra de entretenimiento y distracción de lo esencial. La vida y la solución de los problemas ciudadanos no son  colores, lazos, ideologías, reproches, tumbas, cadáveres y miedos.

No hemos escogido la esclahttps://youtu.be/bePts02nIY8vitud. Somos espíritus libres, infinitos, divinos y eternos. Tenemos que descubrir lo que somos, pero sobre todo ser conscientes y vivirlo personal y socialmente con agradecimiento y armonía. Sin miedo, con confianza, aquí y ahora. Sin caer en la droga del «mañana» ni tampoco del «pasado».

Todos queremos llegar a viejos, pero ninguno quiere serlo. sin embargo mejor antes que después, caer en la cuenta de donde estamos. Con el horario de verano o de invierno, -según el cambio que decidan los políticos- estamos en el MERIDIANO que nos conduce a «El atardecer de la vida». Eso no es un peligro sino una oportunidad.

Espero que dejando de lado las noticias y los  miedos, podamos ir acercándonos y centrándonos en la fuente. Ahí está todo.  Vayamos por el  camino que vayamos, podemos estar seguro que «Todos los caminos llevan a casa«.

José Manuel Belmonte.

Acerca de José Manuel Belmonte

Soy un ciudadano del mundo observador y caminante. La Vida, la Naturaleza y la Humanidad, pero sobretodo el corazón del hombre son una fuente inagotable de sorpresas. De eso escribo…

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