domingo , 17 mayo 2026

‘Vendrán los alienígenas y tendrán tus ojos’, de María Velasco: “¿Pesadilla o abducción? Un espectáculo con luces y sombras”

María Velasco pasa indudablemente por un momento dulce en su carrera de dramaturga. Lo atestiguan el premio Max a la mejor autoría teatral en 2022 con Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra, su más reciente Premio Nacional de Literatura Dramática en 2024 con Primera sangre, así como su asidua presencia en la cartelera a lo largo de estos últimos años. Con Vendrán los alienígenas y tendrán tus ojos que llega ahora al Corral alcalaíno tras un exitoso periplo por diversos escenarios, nos trae de nuevo un típico relato de auto-ficción, cargado de humor, ironía y sarcasmo trufado con ingredientes de la poética de la trasgresión de Angélica Lidel y del realismo intimista de Paloma Pedrero, y con los estragos, las exigencias y la plenitud del amor como telón de fondo.

Comentario de Gordon Craig. Fotografías de Jesús Ugalde. Corral de Comedias de Alcalá

Veamos. Ha transcurrido ya más de un año de la ruptura sentimental que ha dejado a María en la más absoluta soledad e indefensión. A los cuarenta años, pasado ya el ecuador de su existencia en la Tierra, se encuentra, como ella misma dice, como un “paria emocional”, una indigente en materia de afectos, una inadaptada en el nuevo ecosistema de relaciones interpersonales instaurado por el imperio de las redes sociales e imposibilitada para vivir una nueva y satisfactoria experiencia erótica; incapaz, incluso, de llevar a cabo tareas cotidianas antes compartidas con su pareja, como cuidar de un humilde ficus o hacer la declaración trimestral del IVA de una trabajadora autónoma.

Desmoralizada, tras los sucesivos y malogrados intentos de rehacer su vida laboral como actriz, como escritora de ficción y sus ocasionales, fallidos también, escarceos sexuales con parejas contactadas a través de las apps de citas, sostenido su precario equilibrio mental a base de antidepresivos, a punto de desmoronarse, cuando todo parece perdido ocurre el milagro: en la barra de un bar de copas va a descubrir por fin lo que con tanto ahínco estaba buscando. ¿Pesadilla? ¿Abdución? Quizá lo segundo, porque lo más parecido a ese encuentro extraordinario, “paranormal”, “sobrenatural”, que pone en máximo estado de alerta sus sentidos, sería la posesión por un alienígena, a cuyo contacto, las fibras más sensibles de ese instrumento momificado en que se habían convertido su cuerpo y su alma, entrarían en vibración armónica liberando los acordes más afinados y gloriosos hasta llegar a la eclosión final.

Iconografía, vestuario, y caracterización (la aparición de un astronauta en el sueño inicial de María, luego bajo la imagen de un extraterrestre) y las constates alusiones verbales al mundo de los ovnis o a los viajes espaciales, verbigracia la caracterización del amor como “peripecia cósmica” o el empleo del término “avistamiento” para designar al encuentro fortuito con quién parece que será el nuevo amor de su vida e incluso la selección, entre las canciones de tema amoroso que jalonan la representación, de el Space Oddity, de David Bowie -interpretada a la guitarra por Carlos Beluga-, todo está enderezado a sustentar la imagen del alienígena, metáfora de la que se sirve la autora para etiquetar al otro, a la persona de la que nos enamoramos, la que tras muchos años de convivencia acaso puede llegar a resultarnos un completo desconocido, como alguien singular, extraño, misterioso, monstruoso incluso. Metáfora un tanto hiperbólica, a mi entender, que se concreta ocasionalmente en vistosas coreografías y llamativos efectos visuales pero que a medida que avanza la pieza, por reiteración quizá en la imaginería va mostrando signos de agotamiento. Otrosí cabría decir del gusto de la autora por la anfibología -empezando por el título mismo de la obra- o por su afición a los juegos de palabras, al doble sentido, a la frasecita ingeniosa o a la pirotecnia verbal.

La escenografía es un totum revolutum de elementos heterogéneos, que en un espacio tan reducido limitan el movimiento fluido de los personajes, con el tálamo nupcial en el centro, quizá el único elemento imprescindible por su valor simbólico. La acción, de desarrollo un tanto errático también, avanza a trompicones combinando pasajes coreografiados y canciones interpretadas en directo, con los largos parlamentos de una actriz (Maricel Álvarez) que se entrega a fondo a explorar los humores y estados de conciencia de María. Transita con pericia por las diversas fases de la ruptura de pareja -despecho, autocompasión, rabia, soledad, desesperanza, sucedáneos varios, …-, hasta la irrupción en su vida de un nuevo amor en forma de viajero interestelar, con el que compartirá en forma de danza ritual su viaje iniciático a las ardientes regiones del Eros.

Un texto ambicioso, que no desmiente el gusto por la provocación de la autora (“me gusta ofender el decoro de nuestras anquilosadas democracias”, ha escrito en alguna ocasión), que cae, a veces en el tópico de la palabra gruesa o de la crítica social facilona; reflexivo, a veces, otras hondamente emotivo y con ocasionales pinceladas de lirismo; que recurre a la cita y a la incorporación de textos ajenos, como por ejemplo la espléndida canción sobre el amor cuya letra escribió Pérez Botija para Massiel y que por sí sola constituye un nada desdeñable aporte de poesía y sentimiento al montaje. Un espectáculo, en fin con luces y sombras pero que el público asistente aplaudió con entusiasmo.

Gordon Craig. 15-V-2026

Ficha técnico artística:

Autora: María Velasco.

Con: Maricel Álvarez y Carlos Beluga.

Espacio escénico: José Novoa.

Vestuario: María Velasco.

Iluminación: Pilar Valdelvira.

Música original y diseño sonoro: Tagore González.

Coreografía: Josefina Gorostiza.

Dirección: María Velasco.

Alcalá de Henares. Corral de Comedias. 15 y 16 de mayo de 2026.

Acerca de Gordon Craig

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