Un año más, el crítico de cine de EL HERALDO DEL HENARES, Ramón Bernadó, viaja hasta Málaga por decimocuarto año consecutivo para cubrir una nueva edición del Festival de Cine que esta espléndida capital andaluza celebra cada año y que en esta ocasión se celebra del 6 al 15 de marzo.
En esta sección, se irán publicando las críticas de aquellas películas y eventos varios a los que día a día acuda nuestro enviado especial.

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Neurótica anónima – 2026 – Jorge Perugorría – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga
El director
Jorge Perugorría (La Habana, 1965) es uno de los rostros más conocidos del cine cubano.
Actor antes que director, saltó a la fama internacional con Fresa y chocolate (1993), dirigida por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, película que fue nominada al Oscar y que lo convirtió en una especie de icono del cine cubano contemporáneo.
Con el tiempo ha ido alternando interpretación, producción y dirección.
Como realizador ha firmado títulos como Se vende (2012), una comedia amarga sobre la Cuba contemporánea, y el documental Habana Selfies (2019).
Neurótica anónima supone uno de sus trabajos más modestos, casi de guerrilla, pero también uno de los más personales en su defensa del cine como espacio cultural y sentimental.
Comentario
El tercer día del Festival de Málaga arrancó con una producción cubana pequeña, pequeñísima… pero con mucho corazón. Neurótica anónima, dirigida por Jorge Perugorría y protagonizada —y escrita— por Mirta Ibarra, es una de esas películas hechas con cuatro duros, mucha fe y bastante amor por el cine.
La historia parte de una premisa sencilla: un cine de barrio en La Habana está a punto de cerrar porque el negocio ya no da ni para pagar la luz del proyector y el edificio amenaza ruina. Ante ese desastre cultural, los trabajadores y algunos vecinos deciden resistir. ¿Cómo? Pues rodando un documental con testimonios del barrio para denunciar el cierre. Una especie de cine dentro del cine… dentro del cine. Muy meta todo.
Pero lo curioso es que ese falso documental acaba convirtiéndose en un retrato bastante lúcido de la Cuba actual.
Entre testimonio y testimonio se cuelan comentarios sobre la precariedad del día a día, sobre instituciones absurdamente grandilocuentes —como centros para tratar la neurosis que parecen palacios surrealistas— y sobre la eterna distancia entre la retórica oficial y la vida real.
El hilo conductor es el personaje de Mirta Ibarra, que interpreta a Iluminada, una mujer que vive el cine como si fuera una religión. Y gracias a ella la película se convierte en una especie de collage cinéfilo lleno de guiños.
Porque Neurótica anónima funciona también como un homenaje bastante descarado al cine.
Van apareciendo referencias a un montón de clásicos: Memorias del subdesarrollo de Tomás Gutiérrez Alea, Lucía de Humberto Solás, La pasión de Juana de Arco de Carl Theodor Dreyer, Psicosis de Alfred Hitchcock, Fresa y chocolate, La dolce vita de Federico Fellini, Moscú no cree en las lágrimas de Vladimir Menshov, Hasta cierto punto de Tomás Gutiérrez Alea, El lado oscuro del corazón de Eliseo Subiela, Repulsión de Roman Polanski, Thelma & Louise de Ridley Scott o Cerrado por reformas de Orlando Rojas, entre otras. Me olvidaba de Tiempos modernos…
Vamos, que la película es un festival de citas y recuerdos cinéfilos.
A ratos parece más una declaración de amor al cine que una película propiamente dicha.
¿Funciona siempre? Pues no del todo.
El presupuesto se nota —y mucho—, el ritmo es irregular y hay momentos que parecen más teatro filmado que cine.
Pero también tiene algo entrañable: esa sensación de cine hecho por pura necesidad de contar algo.
Al final Neurótica anónima es eso: una película de resistencia.
Un recordatorio de que el cine, incluso cuando está medio en ruinas, sigue siendo un lugar donde reunirse, discutir, recordar películas y, de paso, intentar entender el mundo.
Y oye… en tiempos de plataformas, algoritmos y pantallas de móvil, ver una película que defiende el cine en sala tiene algo casi revolucionario. Aunque esté hecha con el presupuesto de una máquina de palomitas. 🍿
Mi puntuación: 7,67/10.
Ficha técnica en este enlace.
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Mi querida señorita – 2026 – Fernando González Molina – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga
El director Fernando González Molina lleva años moviéndose con soltura entre el cine comercial y la televisión de gran presupuesto.
Ha dirigido títulos muy populares como Tres metros sobre el cielo (2010), Tengo ganas de ti (2012) o Palmeras en la nieve (2015).
En televisión también ha firmado proyectos de gran impacto como El guardián invisible (2017), Legado en los huesos (2019) y Ofrenda a la tormenta (2020), adaptaciones de la trilogía del Baztán de Dolores Redondo.
Es un director con buen pulso narrativo y clara vocación de conectar con el público amplio.
Comentario
Más que un remake de Mi querida señorita (1972), la película que dirigió Jaime de Armiñán con guion suyo y de José Luis Borau, esta nueva versión es una especie de revisitación o actualización del clásico.
Aquella estaba protagonizada por José Luis López Vázquez y Julieta Serrano y, en plena España franquista, hablaba de identidad sexual con una sutileza que hoy resulta admirable.
La película de 2026 juega en otra liga temporal.
Estamos en el siglo XXI, en una España donde —al menos sobre el papel— se puede hablar de estas cosas con bastante más libertad.
Aquí la protagonista es Adela, interpretada por Elizabeth Martínez, una chica solitaria que arrastra desde la infancia una historia médica complicada relacionada con intervenciones gonadales. Es decir, una identidad sexual construida a golpe de bisturí y de decisiones ajenas.
La película sitúa a Adela en una Pamplona gris, lluviosa, fría, opresiva. Una ciudad que parece diseñada para que nadie levante demasiado la cabeza.
Sus padres, interpretados con firmeza por Nagore Aramburu, mantienen un control férreo sobre su vida. Horarios, normas, expectativas… todo muy ordenado, muy correcto, muy asfixiante.
En ese ambiente tan poco respirable aparece una pequeña ventana al mundo: una fisioterapeuta interpretada por Anna Castillo, que además sueña con convertirse en actriz. Ella será, de alguna manera, la chispa que le recuerda a Adela que existe algo parecido a la libertad.
Mientras tanto, hay novio en escena. Eneko Sagardoy interpreta a un chico que le declara su amor y que además se encarga de definir Pamplona con una frase bastante graciosa: una ciudad con “cien personas y diez calles”. Exagerado, pero se entiende la idea.
Y entonces llega el momento clave: la huida. Adela se va a Madrid, y ahí la película cambia completamente de tono.
Frente a la ciudad cerrada del norte aparece la capital, donde la protagonista empieza a construir algo parecido a una familia elegida: amigos, apoyo, red afectiva.
En ese nuevo universo aparecen Manu Ríos y Lola Rodríguez, que dan vida a ese grupo de amigos que ayudan a Adela —que ahora se hace llamar AD— a encontrar su lugar.
No quiero olvidarme de María Galiana como la abuela, que siempre es un placer ver en pantalla, porque tiene ese talento raro de parecer completamente natural incluso cuando está diciendo cosas muy serias.
La película habla, básicamente, de identidad. De buscar quién eres cuando todo el mundo parece tener una opinión sobre lo que deberías ser. Y también de algo más simple: de intentar ser feliz aunque no tengas ni idea de cómo hacerlo.
Aquí entran en juego Javier Calvo y Javier Ambrossi, los Javis, que están detrás del proyecto como productores e ideólogos. Y claro, eso se nota. La película es mucho más explícita, más discursiva, incluso más didáctica que la original de 1972.
La comparación con la obra de Jaime de Armiñán es inevitable. Aquella tenía una delicadeza y una ambigüedad que hoy casi parecen de otro planeta. Pero también hay que decir que jugaba con la censura franquista encima de la mesa. Aquella película tenía que insinuar lo que no podía decir.
Esta nueva Mi querida señorita dice las cosas sin rodeos. Es más directa, más emocional, más contemporánea.
Son películas distintas para épocas distintas.
Y, por cierto, conviene recordar un dato: la original de 1972 fue un auténtico fenómeno en España y se convirtió en una de las películas más importantes del año.
Habrá que ver si esta nueva versión consigue algo parecido.
Desde luego, la historia que cuenta —la de alguien intentando descubrir quién es— sigue siendo igual de universal que hace más de cincuenta años. Y eso, al final, siempre conecta con el público.
Mi puntuación: 7,66/10.
Ficha técnica en este enlace.
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Por cien millones (Miniserie) – 2026 – Oriol Capel (Creador), Nacho G. Velilla (Creador) – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga
Detrás de Por cien millones están Oriol Capel y Nacho G. Velilla, dos nombres muy reconocibles dentro de la comedia española reciente.
Velilla, zaragozano, lleva años demostrando que sabe cómo hacer reír al público: dirigió éxitos como Fuera de carta (2008), Que se mueran los feos (2010) o Perdiendo el norte (2015), además de series muy populares como Aída.
Capel, por su parte, ha trabajado sobre todo en televisión como guionista y creador en proyectos como 7 vidas o Aída, lo que explica ese olfato para la comedia de personajes y para los diálogos que parecen sacados directamente de la barra de un bar.
Comentario
La tarde del tercer día del Festival de Málaga se puso televisiva. En vez de película, tocaba serie. Bueno, miniserie. De Por cien millones se proyectaron los dos primeros capítulos: cien minutos en total, que pasaron volando.
La historia nos lleva a Zaragoza, año 1981. España todavía está intentando entender qué demonios está pasando tras la Transición, los pantalones de campana aún resisten en algunos armarios y el fútbol sigue siendo religión nacional.
En ese contexto aparecen tres mecánicos que no atraviesan precisamente su mejor momento económico. Deudas por todos lados, negocios que no terminan de arrancar y una sensación general de estar atrapados en la miseria económica. Así que, como suele pasar en las grandes ideas criminales… deciden secuestrar a un futbolista.
Pero no a cualquiera. Nada menos que Enrique Castro “Quini”, delantero del FC Barcelona y uno de los jugadores más famosos del país, que en la temporada 1980-81 estaba peleando por el Pichichi.
La serie reconstruye aquel secuestro real que en su momento tuvo en vilo a toda España. Y lo hace desde un tono bastante peculiar: mezcla de drama y comedia. Porque sí, lo que ocurrió fue dramático —para Quini, para su familia y para todo el entorno—, pero la serie decide mirar también al lado absurdo de la historia.
Según explicó Nacho G. Velilla en la rueda de prensa del festival, el guion se ha construido a partir de documentación real: declaraciones policiales, testimonios de la familia e incluso palabras de los propios secuestradores, que acabaron cumpliendo ocho años de prisión.
Y lo curioso es que el caso tardó bastante en resolverse porque la policía estaba convencida de que detrás había una banda criminal muy sofisticada.
Nadie imaginaba que los responsables eran tres tipos bastante normales con más deudas que neuronas delictivas.
El trío protagonista funciona muy bien. Raúl Arévalo, Vito San y Gabriel Guevara interpretan a estos tres aspirantes a criminal con perfiles muy distintos pero perfectamente complementarios. Cada uno con su carácter, sus miedos y sus meteduras de pata.
El reparto femenino tampoco se queda atrás: Natalia Huarte, María De Nati y la siempre eficaz Aixa Villagrán, que tiene ese talento especial para aparecer en pantalla y elevar cualquier escena.
También se deja ver Julia de Castro, estupenda como la mujer de Quini, aportando la parte más emocional del relato.
Y por ahí aparece también Jorge Asín, que es casi patrimonio cultural de Aragón. Su presencia no es casual: Velilla explicó que antes del rodaje el guion fue leído y grabado por Asín para que los actores pudieran estudiar el acento aragonés. Y la verdad es que se nota: el esfuerzo por reproducir ese tono está bastante conseguido.
Los dos episodios que se han podido ver en Málaga funcionan muy bien. Son ágiles, muy divertidos y además retratan con bastante cariño aquella España de comienzos de los ochenta. Una España de talleres mecánicos, bares de barrio y gente intentando sobrevivir como puede.
Y también dejan caer una idea bastante interesante: la precariedad de la clase trabajadora española no es precisamente un invento del siglo XXI. Ya estaba ahí hace más de cuarenta años.
Una serie muy entretenida, con humor, con ritmo y con una historia real tan absurda que parece inventada. Y eso siempre es buena señal para una comedia. Porque a veces la realidad escribe los mejores guiones… aunque empiecen con tres mecánicos pensando que secuestrar a Quini es una buena idea.
Mi puntuación: 8,68/10.
Ficha técnica en este enlace.
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Viaje al país de los blancos – 2026 – Dani Sancho – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga
El director Dani Sancho se encarga de llevar a la pantalla Viaje al país de los blancos, una película basada en la historia real del activista ghanés Ousman Umar.
Sancho ha trabajado sobre todo en el ámbito televisivo y documental, y en esta ocasión se enfrenta a un relato con vocación claramente social y humanista, centrado en la inmigración y en el proceso personal de crecimiento de su protagonista.
No es una superproducción ni pretende reinventar el cine social, pero sí busca contar una historia real con intención emocional y pedagógica.
Comentario
Viaje al país de los blancos cuenta la historia real de Ousman Umar, un niño de Ghana que crece escuchando historias sobre un lugar casi mítico: Europa. O, como lo llaman en su entorno, “el país de los blancos”. Un sitio lejano donde aparentemente todo es prosperidad, oportunidades y vida fácil.
Con esa idea en la cabeza, el joven decide emprender un viaje que no tiene nada de fácil.
Lo que sigue es el recorrido clásico que ya conocemos por otras películas sobre inmigración: travesías peligrosas, dificultades constantes y un choque brutal entre el sueño y la realidad.
Finalmente llega a Barcelona, donde descubre algo que muchos migrantes encuentran al aterrizar en Europa: que aquello que parecía un paraíso desde lejos es, en realidad, un lugar mucho más complicado de lo que imaginaba.
La película se centra sobre todo en el proceso de crecimiento del personaje.
Ese niño que sale de su aldea se convierte poco a poco en un adulto que intenta abrirse camino en un país extraño. Y ahí aparece un personaje clave: Montse, la mujer que decide acogerlo en su familia y darle algo más que ayuda puntual. Le ofrece afecto, estabilidad y la posibilidad de construir un futuro.
Y Ousman Umar no solo aprovecha esa oportunidad, sino que acaba transformándola en algo mucho mayor.
Cinematográficamente hablando, la película no inventa nada nuevo.
Este tipo de relatos sobre inmigración los hemos visto muchas veces en pantalla y, siendo honestos, existen ejemplos más potentes y mejor construidos.
Es inevitable acordarse de Io capitano (2023), la magnífica película de Matteo Garrone que pasó por el Festival de San Sebastián y que abordaba el mismo tema con mucha más fuerza narrativa.
Pero eso no significa que Viaje al país de los blancos no funcione. Funciona. Y además emociona.
En parte por la historia que cuenta, pero sobre todo por algo que ocurrió fuera de la pantalla. En la proyección del Festival de Málaga estaba presente el verdadero Ousman Umar, que participó en el coloquio posterior.
Y cuando ves a la persona real que ha vivido todo eso sentado delante de ti, la película adquiere otra dimensión.
De repente deja de ser solo cine y pasa a ser también testimonio. Y eso cambia bastante la experiencia.
La sala respondió con un aplauso muy fuerte cuando Ousman Umar apareció para hablar con el público. Fue uno de esos momentos en los que el festival se convierte en algo más que una sucesión de películas: se convierte en un encuentro humano.
Al final, Viaje al país de los blancos es una historia de superación.
Una historia sencilla, bienintencionada, que invita a reflexionar sobre cómo tratamos a los niños y jóvenes inmigrantes que llegan a España.
No es la película definitiva sobre el tema. Pero sí es una película honesta. Y a veces eso también cuenta.
Mi puntuación: 5,65/10.
Ficha técnica en este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
Colaborador de Esradio Guadalajara, Alcarria TV, Nueva Alcarria y GuadaTV Media
El Heraldo del Henares








