miércoles , 22 mayo 2019
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Tribuna libre de Jose Miguel Montoya Oliver, profesor titular de la UPM e ingeniero de Montes: ‘¡Las plantas también sienten, imbécil!’

Algún imbécil o imbécila, en el coto de pesca sin muerte de la sociedad de Aranjuez (Madrid) que protege los peces, cuida el río y conserva la ribera, ha hecho una pintada, bien impactante y guarra, que dice: «Los peces también sienten». Supongo que cuando dicen peces se refieren a los peces, las pezas y los pezones.

Al imbécil/imbécila de la brocha va dedicado este artículo. No por nada, sino por hacerle ver que es un paleto o paleta. Cierta originalidad sí tiene esta pintada, pues significa un paso más contra la vida natural en el medio rural, y amplía el animalismo hasta algo más allá que sus mamíferos, aves y otras mascotas usuales. Como yo soy mucho más ecologista y animalista que ellos, y por tanto cazador y pescador, les voy a añadir: «Las plantas también sienten» y a ellos y ellas les toca ponerse a comer rastrojo. Ayuno pues hasta la derrota de mieses, por paletos.

Cuando un ciervo muerde una encina, un madroño o un acebo, el vegetal demuestra su sensibilidad al ataque, reaccionando de forma inesperadamente inteligente y eficaz: trasforma sus hojas y ramillas haciéndolas más gruesas, ásperas y punzantes, al tiempo que desata todo un ataque químico contra su enemigo al generar toda una multitud de compuestos químicos tóxicos para los animales ramoneadores, y lanza al aire sus lamentos y voces de alerta. Estas voces que no oímos, son los llamados CSP (Compuestos Secundarios de las Plantas) y avisan a toda la mancha de que un ataque acaba de producirse. Las palabras usadas en estos mensajes, los diferentes compuestos identificados por el Hombre son ya más de 10.000. Un léxico químico superior al lenguaje verbal de un estudiante universitario: más palabras que las que estos usan.

Ciervo

Hasta aquí hemos visto que las plantas tienen sensibilidad, que reaccionan ante los ataques, defendiéndose y atacando a un tiempo, y que tienen un lenguaje diverso, elaborado y eficaz para relacionarse con su entorno: con el entorno que les interesa y al que evolutivamente están adaptadas. Nada distinto de lo que pueden llegar a hacer no pocos animales, aunque estos con un léxico mucho más pobre y con mecanismos de reacción y defensa, mecanismos de difidencia, que son sorprendentemente mucho más pobres.

Pero eso no es todo. Los mensajes químicos lanzados hacen que las plantas de su entorno, aunque todavía no hayan sido aún atacadas, reaccionen empáticamente con la agredida y ante la recepción de su aviso comiencen a generar reacciones iguales. Toda la mancha reacciona pues de forma conjunta contra el venado. Más sean las reses, mayor será la toxicidad de su alimento. A la vez, las plantas presentes generarán abundantes productos abortivos para tratar de reducir la paridera de las ciervas y controlar así a sus enemigos por dos vías: veneno y abortos. Toda una vida social, toda una solidaridad entre los bravos combatientes vegetales, queda así al descubierto. La jauría vegetal ataca.

Fotografía de David Pérez

¿Pasivas, insensibles, incapaces de reaccionar, solitarias…? Carecer de un sistema nervioso asimilable al del Hombre u otros animales (cerebro y neuronas), no implica que por no entenderles desde nuestras cortas e ignorantes perspectivas humanas no sean los vegetales unos seres vivos tan sensibles, activos, comunicativos y sociales como los animales superiores; como los mamíferos y otros vertebrados a las que nos empeñamos en atribuir en exclusiva esas cualidades. También los peces actúan de formas similares. Simplemente nos hemos empeñado en mantener nuestra presunta pero bien falsa y engreída superioridad.

Truchas

Todo cuanto vegetarianos, veganos, animalistas, mascotistas, antitaurinos, ecologistas-light, ecolojetas al acecho de subvenciones y otros paletos y paletas, puedan llegar a proponer; todo el rollo patatero del «Cazadores ¡Asesinos!» está cayendo por tierra, conforme la ciencia y en especial la neurobiología vegetal avanzan. Según el neurobiólogo vegetal Profesor de la Universidad de Florencia, doctor Stefano Mancuso, «no hay diferencia entre la inteligencia de los animales y la de las plantas. Las plantas duermen, tienen nuestros cinco sentidos y otros diez más, una importante vida social e incluso cuidan de sus hijos».

Todos los Humanos somos heterótrofos-omnívoros, y a diferencia de las plantas, estamos obligados a alimentarnos de otros seres vivos, animales o vegetales. Hace años, en Pastoralismo mediterráneo, me pronuncié claramente en favor de una alimentación más vegetariana que la actual (lo que tampoco era ninguna novedad); pero esto sí, jamás exclusiva, porque si bien una alimentación más vegetariana permitiría mantener a más seres humanos sobre el Planeta Tierra, es la alimentación mixta, enriquecida con la carne y otros productos de aquellos animales de pastoreo capaces de trasformar en productos útiles los vegetales no consumibles directamente por el Hombre, la que amplía aún más esa capacidad de carga de nuestro Planeta, con más y mejores alimentos, más ecológicos y de mayor calidad.

El vegetarianismo puro es por tanto enemigo del Objetivo de Supervivencia de la Humanidad, al que hemos definido como «Constante y perpetua voluntad de mantener sobre el Planeta Tierra el mayor número posible de seres humanos, en condiciones adecuadas de sostenibilidad y calidad de vida». Peor aún, desde su ignorancia y oscura altivez ética, los vegetarianos proponen comer solo vegetales, solo por el delito de serlo, y solo porque no los conocemos aún lo bastante; tan solo porque no pueden comportarse como serviles mascotas animales troqueladas a nuestro antojo. Sin embargo, los vegetales son acreedores claros de los mismos «derechos» y por iguales razones o más que los animales.

Todos esos devoradores de repugnantes comistrajos para conejos están en contra la Supervivencia de la Humanidad y también contra los sensibles, activos, sabios y solidarios vegetales. ¿Vegetarianos asesinos? Pues yo no lo sé (ni me importa), pero dejen en paz a cazadores y pescadores de una vez: lloren, píntense de rojo-sangre, enseñen las tetas… pero vayan a poner, desde su beatorrería litúrgica, sus ridículos altarcitos laicos con sus velitas, sus florecillas, sus cartitas infantiloides y sus cutres pancartas al puesto del verdulero de la esquina o a la sección vegana del hipermercado. ¡Asesinos de plantas!

Jose Miguel Montoya Oliver, profesor titular de la UPM e ingeniero de Montes, colaborador de la web clubdecaza.com

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