A las afueras del casco antiguo del pueblo, nuestra urbanización —compuesta principalmente por chalets y rodeada de edificios— ha sido durante años un espacio claramente delimitado… y olvidado. Desde la Asociación de Vecinos llevamos tiempo luchando por la dignificación de nuestras calles, nuestros espacios verdes y nuestra calidad de vida. Sin embargo, la dejadez acumulada por parte de las administraciones se hace cada vez más evidente.
Uno de los problemas más visibles son las aceras. Como muestran las imágenes que acompañan este artículo, muchas baldosas están levantadas por las raíces de los árboles. La calle Rafael Alberti es especialmente preocupante: allí se encuentra el colegio municipal, y cada día transitan por ella niños y adultos expuestos a riesgos innecesarios de tropiezos y caídas. Este deterioro no solo representa un peligro, sino también un símbolo de abandono.
La iluminación es otro de los temas recurrentes. Las farolas se parchean con recurrencia pero no están adaptadas para la necesidad lumínica que se necesita. La mayoría son LED de baja altura que apenas alumbran lo necesario y con un pie de cemento que dificulta el paso en ciertas aceras de la urbanización. Hace unos meses, con presupuesto municipal, se instaló una de las farolas con demasiada potencia en el parque del arroyo. Pero el resultado ha sido contraproducente: en lugar de iluminar hacia abajo, lanza una luz frontal que invade la intimidad de varias viviendas cercanas. Cuando se comunicó esta situación al Ayuntamiento, la respuesta fue desafortunada: “¿No queríais luz? Pues tenéis luz”. Tras insistir, se accedió a instalar una visera correctora, ausente a día de hoy. Aun así, una sola farola no soluciona el problema de fondo: hace falta una planificación coherente de alumbrado en toda la urbanización.
Y llegamos al corazón verde del barrio: el parque del arroyo. Debería ser un lugar para el descanso, el paseo, el juego y el encuentro. Y, en efecto, lo es… a pesar de su estado. Caminamos sobre grava que dificulta el paso, los parques infantiles están sucios a pesar de haber sido actualizados recientemente, y los bancos están tan hundidos que apenas pueden usarse. En la zona cercana al campo de fútbol —muy frecuentado por jóvenes— hay una estructura metálica oxidada y, repartidas por el parque, otras que simplemente quedaron abandonadas, vestigios de proyectos anteriores, al parecer de otras legislaturas, pero la realidad es que nadie se hace cargo.
El arroyo, por su parte, es una fuente de belleza natural… y de problemas. La valla de protección se cae a pedazos: en algunas zonas hay vallas provisionales de obra, en otras no hay ninguna. El puente de madera que lo cruza tiene tablones sueltos y peligrosos. Aunque sabemos que la Confederación Hidrográfica del Tajo tiene la competencia sobre su mantenimiento, el efecto directo lo sufre el vecino: proliferación de plagas como mosquitos, ratas o moscas que hacen casi imposible disfrutar del verano en los patios o en los parques.
Desde la Asociación no pedimos imposibles. Pedimos atención, compromiso, planificación y diálogo. Queremos que nuestras calles vuelvan a ser seguras, que nuestras farolas iluminen sin invadir, y que nuestro parque —este gran pulmón natural— recupere el valor que merece.
Porque esta urbanización no es un anexo del pueblo. Es parte del pueblo. Y sus vecinos, como todos, merecen vivir con dignidad
Clara I. Maudes, presidenta de la asociación de Vecinos de Parque Vallejo, Alovera
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El Heraldo del Henares



