lunes , 20 abril 2026

‘La edad de la ciruela’, de Arístides Vargas: “La luz a través de la grieta del dolor”

La inminencia de la muerte de la madre vuelve a juntar en la casa familiar a las hermanas Eleonora y Celina, tras largos años de separación. Ya ancianas, con un pesado y doloroso bagaje de experiencias, en el mismo espacio físico de su infancia, ante la madre moribunda, van a intentar recuperar el pasado de tres generaciones de mujeres de una misma familia, un pasado marcado por la frustración, la violencia, el desamor y la falta de libertad.

Se trata de un vívido y conmovedor ejercicio de memoria que desborda el marco estricto de la familia para convertirse en testimonio de toda una época de supeditación de la mujer a los estrictos roles de esposa, madre, ama de casa y/o amante sumisa -en el mejor de los casos-, y privada de cualquier posibilidad de realización personal al margen del riguroso código de conducta inculcado en la propia familia, de los rancios usos y costumbres anclados en la tradición o de la moral social imperante.

La edad de la ciruela

En las antípodas del realismo del teatro popular, tributaria, más bien, del realismo mágico de un García Márquez y de toda una tradición de la literatura hispanoamericana de los sesenta y setenta del pasado siglo, esta pieza de Arístides Vargas constituye un lúcido ejercicio de introspección por los recovecos de la memoria en el que se pone al descubierto el dolor y la nostalgia que acompañan a la pérdida progresiva de los recuerdos, la obsesión casi enfermiza por no olvidar en una suerte de ajuste de cuentas con un pasado ignominioso.

Ora abuelas, tías; ora madre e hija -en una extraordinaria e hilarante evocación de una clase de violín a Celina-; sea como hermanas, víctimas de una infancia atormentada, llena de pequeñas envidias y decepciones dirimiendo sus nimias querellas infantiles; sea como ama y criada en el no menos verista y divertido recuerdo de Blanquita, la sirvienta maledicente y respondona, Lilian Moreno (Celia) y Charo Francés (Eleonora) dan vida a una multitud de mujeres haciendo gala de un inagotable arsenal de recursos de la expresión corporal y verbal. Enseñorean la escena, casi vacía de elementos de atrezo, -innecesarios, por otra parte dado el enorme potencial evocador de gestos y entonaciones, de silencios y de escucha activa, de miradas cómplices …-, amparadas apenas por ligeros cambios de vestuario y por transiciones de iluminación, que envuelven a las protagonistas en una atmósfera de irrealidad, como si por un extraño sortilegio fueran rescatadas de las brumas del pasado, o convertidas en apariciones fantasmagóricas extraídas del baúl de los recuerdos.

La edad de la ciruela

Todo ello siguiendo el hilo de un texto enjundioso, escrito en un lenguaje lleno de plasticidad, de cromatismo, con esa mezcla justa de sabor local, de exuberancia y barroquismo que caracteriza la prosa de los escritores hispanos de los 60 y 70; texto de un alto grado de elaboración artística, de humor y de un innegable vuelo poético que tematiza una y otra vez las grandes obsesiones del autor: la intolerancia, la soledad, el exilio interior y la lucha por la libertad. Y el paso del tiempo, el tiempo destructor, al que incluso se lleva a juicio en una de las escenas más estimulantes de la obra. Humor y poesía que como indica la actriz y crítica María Estela Harretche en su caracterización del teatro de Arístides Vargas “son los hilos que tejen un entramado de gran calidez sensorial”. Y de ternura -añadiría yo- y de comprensión e indulgencia para con sus personajes, frágiles, después de todo, pero con un punto de insobornable rebeldía.

Si Nuestra señora de las Nubes, de Malayerba teatro que tuvimos ocasión de ver en un ya lejano Festival de Otoño del año 2000 nos impresionó, por su hondura, por su calidez humana y por su compromiso, este montaje de ahora, que al parecer y lleva casi dos décadas peregrinando por los escenarios de medio mundo nos confirma la originalidad, la sensibilidad y la extraordinaria calidad artística del grupo.

Gordon Craig, 27-IX-2025

Ficha técnico artística:

Teatro Malayerba.

Autor: Arístides Vargas.

Con: Charo Francés y Liliana Moreno.

Diseño de escenografía: Mauro Winckler.

Diseño de iluminación: Guillermo Troncoso.

Diseño de vestuario: Patricia Zelada.

Dirección: Arístides Vargas.

Alcalá de Henares. Corral de Comedias. 26 y 27 de septiembre de 2025.

Acerca de Gordon Craig

Ver también

Autolesiones en la adolescencia: una mirada profunda a un problema silencioso

Dr. Ramón Bernadó (*) Es fundamental recordar que esta información es para fines educativos y no …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.