En Guadalajara ya tenemos nuevo nombre para la que ha sido siempre llamada ‘biblioteca de Dávalos’ o biblioteca pública del Estado. Y cómo no, el nuevo nombre también viene con el sello inconfundible de la sectaria política socialista que confunde gestión con grandilocuencia: Biblioteca Pública del Estado en Guadalajara ‘Blanca Calvo‘. Nada más. Y nada menos.
Crónica de Andoni Madrid y Cuka Leyre
Nada nuevo en el PSOE alcarreño que no duda en bautizar edificio públicos, ya sean piscinas, escuelas de arte o bibliotecas, con el nombre de alguno de sus militantes o exaltos cargos, hayan o no fallecido, tengan o no nada que ver con el edificio rebautizado, lo que genera entre los ciudadanos más sospechas de endogamia que de orgullo ciudadano.
Así ocurrió con las piscinas municipales, a las que se renombró con el nombre de Sonia Reyes, taekwondista que llegó a participar en alguna que otra Olimpiada y consiguió algunas medallas en campeonatos mundiales y europeos de su especialidad deportiva. Luego dio el salto a la política local de la mano del PSOE, sin que se le recuerde ningún hecho memorable que cambiara la vida de los vecinos de la capital alcarreña ni, que sepamos, sus méritos deportivos tuvieran absolutamente nada que ver con la natación. En resumen, ¿qué impulsó Reyes para Guadalajara más allá de su antiguo gimnasio privado y algunas patadas a la larga bien remuneradas políticamente? ¿O más bien fue un premio más por su lealtad al PSOE que como reconocimiento deportivo?
O en el caso de la escuela de Arte, a la que se rebautizó con el nombre de la malograda Elena de la Cruz, exconsejera del Gobierno de Page y exconcejal socialista, fallecida de muy joven, a los 42 años, y que durante un tiempo había sido directora de la misma. ¿Qué mérito artístico de reconocimiento público legado para la posteridad dejó la exconsejera socialista para que toda una escuela de Arte lleve su nombre?
Pasamos al tercer caso. Acaba de hacerse público que ya es oficial que la biblioteca pública de Dávalos llevará asociado el nombre de quien fuera su directora durante varias 32 años, Blanca Calvo, décadas en las que no dejó de cobrar por hacer su trabajo ni un solo día, lo que suele ser el premio a final de mes de cada trabajador, público o privado, de este país.
Calvo, breve alcaldesa por IU y exconsejera de la Junta años más tarde con el PSOE, fue la impulsora del maratón anual de cuentacuentos y de alguna actividad cultural más, como ocurre con la mayoría de directores/as de bibliotecas públicas de la provincia y todo el país.

Por eso este ciudadano de a pie se pregunta, ante el cada vez más abundante número de fachadas de edificios públicos copadas por socialistas más o menos conocidos, pero ninguno relevante para el devenir de la historia del país o de la ciudad, si este homenaje se debe más a una recompensa por los servicios prestados al Partido Socialista que a verdaderos méritos históricos contraídos con los ciudadanos.
¿Será norma habitual, a partir de ahora, que se imponga a todos los edificios públicos el nombre de sus exdirectores? ¿De cuál, del primero, del último, del que más tiempo estuvo en el cargo o del que tenía el carné del PSOE? ¿Cuál será el siguiente edificio público de Guadalajara al que se le asigne el nombre de algún socialista, el Fuerte de García Page o el coso de las Cruces de Sara Simón? Ya puestos.
Porque, visto el patrón, todos tenemos claro que el PSOE seguirá aplicando su receta sectaria sin importarle que estos edificios públicos son propiedad de todos, no de sus siglas, y que no dejará de hacerlo mientras la oposición siga mirando para otro lado. ¿O no?
El Heraldo del Henares

