Algunos medios, pocos, entre ellos EL HERALDO DEL HENARES, publicaron esta semana que los tribunales han dictado una resolución judicial demoledora que dinamita el relato oficial y desnuda sin caretas la profunda podredumbre institucional instaurada en el Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (Sescam) en particular y en la Junta de Castilla La Mancha presidida por el socialista Emiliano García Page en general.
Texto de Andoni Madrid y Cuka Leyre
Según dicha sentencia del juzgado de lo Contencioso Administrativo de Toledo, el Gobierno de García Page nombró a Cristina Hernando Corrochano, que había sido jefa de Gabinete de la exalcaldesa socialista de Talavera de la Reina, Agustina Tita García Élez, para ocupar la Subdirección de Gestión y Servicios Generales de la Gerencia de Atención Integrada de dicho municipio cuando, según la documentación analizada por el juez, no tenía ningún tipo de experiencia sanitaria, al contrario que otros candidatos al puesto que sí la tenían.
Y es que dicha sentencia condena sin paliativos al Ejecutivo autonómico por una flagrante y escandalosa «clara desviación de poder», tras destaparse chanchullos inaceptables en los procesos de provisión de plazas públicas. Un varapalo histórico que no es más que la punta del iceberg de una indignación ciudadana que ya desborda por completo las salas de lo contencioso.
Lejos de tratarse de un error humano o un caso aislado, este episodio demuele por completo el mito cuidadosamente esculpido por el marketing político: el cuento de que Emiliano García-Page encarna el socialismo moderado, la sensatez institucional y el refugio de los demócratas cabales. La cruda realidad revela que Castilla-La Mancha se gestiona como el cortijo particular de una camarilla caciquil, donde las reglas del juego democrático se pisotean a conveniencia, y los amiguetes con carné oficial se reparten los sillones a costa del esfuerzo, el sudor y los impuestos de los contribuyentes.
¿Qué hay detrás de este nuevo escándalo? Pues la operativa habitual en el cortijo de Page: que la cúpula del Servicio de Salud (Sescam) se pasó las normas de mérito, capacidad y legalidad básica por el arco del triunfo con el único propósito de colocar a dedo a una colega de partido, confeccionándole un traje a medida y escupiendo a la cara de los miles de opositores, médicos y profesionales sanitarios que se juegan la salud y el futuro con su esfuerzo legítimo.
Y mientras los hospitales públicos hacen aguas por todas partes, con listas de espera vergonzosas que juegan cínicamente con la vida de las personas y plantillas de sanitarios totalmente colapsadas, la casta dirigente prefiere gastar los recursos en asegurar despachos dorados a los suyos.
Ante semejante atropello cotidiano, el ciudadano de a pie se planta y se hace la pregunta ineludible: ¿Hasta cuándo vamos a seguir consintiendo que nos traten como borregos, sufragando los lujos y privilegios de los amiguetes del régimen mientras nuestra sanidad se desmorona?
El Heraldo del Henares