En pleno corazón de Guadalajara, la calle Bardales se ha convertido en el monumento más vergonzoso a la desidia institucional. Lo que antaño fue un pulmón vibrante de comercio, ocio y vida social hoy agoniza entre cierres de persianas, fachadas carcomidas y una desolación que grita la incompetencia de quienes nos gobiernan.
Nos quieren vender que esta degradación es un «fenómeno complejo», cuando la realidad es mucho más simple: abandono puro y duro por pasividad política.
El ciudadano de a pie se pregunta cuántos años de inacción hacen falta para que los munícipes entiendan que una ciudad no se cuida con parches electoralistas, sino con una gestión constante y valiente. Han dejado morir el patrimonio urbano por pura desidia, y ahora pretenden decirnos que la solución va a llover del cielo. Normalizar el deterioro sale caro, pero el daño ya está hecho sobre las espaldas de los vecinos y comerciantes que han tenido que echar el cierre.
Para lavar su imagen ante semejante naufragio, el Ayuntamiento presentó el pasado mes de mayo su flamante Plan Especial del Casco Histórico (el famoso PERIM). Nos lo presentan como la panacea que va a rescatar el centro de las tinieblas y a frenar la sangría demográfica.
Entre los principales objetivos del documento, informaron ese día, se encuentran favorecer la recuperación residencial y acabar con los solares vacíos, simplificar y clarificar la normativa urbanística, garantizar mayor seguridad jurídica y actualizar el catálogo de bienes protegidos
Pero rasquemos un poco en la propaganda institucional para ver las costuras de este supuesto plan salvador:
- El miraje de las 500 viviendas: Prometen rescatar solares vacíos a golpe de PowerPoint, como si los inversores fueran a hacer cola milagrosamente en un barrio muerto de hambre comercial.
- Barra libre a la especulación: ¿Flexibilizar normas y eliminar el límite de viviendas por parcela? Traducido: abrir la puerta a la trilería urbanística para que unos pocos hagan negocio rápido bajo el pretexto de «reactivar el mercado».
- Aparcamientos invisibles: Suprimir la obligación de crear plazas de garaje donde «sea inviable» es la coartada perfecta para seguir agravando el colapso de movilidad del centro, eximiendo a los promotores de sus responsabilidades mientras el ciudadano sigue sin poder aparcar.
- Un cajón de sastre de 12.000 viviendas: Meten en el mismo saco al casco tradicional y a barrios periféricos como El Alamín en un plan mastodóntico que abarca el 30% de la ciudad —demasiado ambicioso sobre el papel, probablemente inútil en la práctica.
La cruda verdad es que ni los peores diagnósticos de la calle Bardales se resuelven con la varita mágica de un despacho técnico, ni los problemas reales de Guadalajara se solucionan con burocracia de escaparate.
El nuevo Plan Especial huele demasiado a maniobra de distracción para maquillar años de dejadez municipal. Si la administración no cambia radicalmente de actitud y demuestra una gestión ágil, implacable y con presupuestos reales, este plan se quedará en lo que ya tememos: tinta mojada.
La calle Bardales lleva demasiados años esperando soluciones mientras el Ayuntamiento se entretiene redactando folletos publicitarios. Menos planos faraónicos y más pisar el asfalto. ¿O no?
El Heraldo del Henares


