Un año más, se celebra una nueva edición del Atlàntica Mallorca Film Fest, en esta ocasión entre los días 24 de julio y 2 de agosto. Con este motivo, el crítico de cine de EL HERALDO DEL HENARES, Ramón Bernadó, que no se pierde ni un solo festival de cine español se exhiba donde se exhiba, analizará aquellas películas que ha visto, que son muchas, para los lectores de este diario.
Nacido hace 15 años como el primer festival de cine online en España, Atlàntida Mallorca Film Fest se ha convertido en el festival híbrido más importante del mundo, combinando proyecciones en Mallorca y en la plataforma Filmin. De hecho, más de 1.200.000 espectadores vieron alguna de sus proyecciones en su última edición, según datos de la organización.
***
***
Kingdom – Krolestwo – 2025 – Michał Ciechomski – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026
Michał Ciechomski nació en Varsovia en 1992 y estudió Dirección en la Escuela de Cine Krzysztof Kieślowski, además de Ingeniería Aeroespacial, combinación bastante apropiada para lanzar distopías.
Kingdom es su primer largometraje, después de cortos como A Short Story, Love y Submission.
Este último obtuvo el Premio Jan Machulski al mejor cortometraje de 2021.
Kingdom ganó el Premio Talents x ESCAC en el D’A Film Festival 2026.
El jurado destacó su mirada sobre el nacionalismo y la violencia y el diálogo que establece entre la guerra, la masculinidad y la sexualidad.
Con Kingdom comenzamos nuestro recorrido por la sección oficial AMFFRaw del Atlàntida Mallorca Film Fest 2026.
La producción polaca nos traslada a un país del Este al borde del colapso, reconociblemente cercano a Polonia aunque nunca necesite colocarle una bandera.
Ante la supuesta llegada de unos nuevos bárbaros, un grupo de ultras organiza la resistencia.
Cabezas rapadas, cazadoras bomber, pantalones oscuros, disciplina paramilitar y esa vieja costumbre de fabricar enemigos para justificar la violencia.
Una secta disfrazada de defensa de la patria, porque el envoltorio cambia, pero el producto sigue oliendo igual.
La historia se centra en dos hermanos que toman caminos diferentes.
Uno se entrega a la violencia; el otro pretende escapar, pero termina absorbido por el mismo grupo.
La presión colectiva es uno de los elementos más logrados de la película: nadie parece poder mantenerse al margen cuando pertenecer a la manada se convierte en la única forma de supervivencia.
En medio de este universo hipermasculino y testosterónico, instalado en una especie de abadía abandonada, surge una relación homosexual tan inesperada como reveladora.
Una grieta íntima dentro de una organización construida precisamente para aplastar cualquier diferencia.
La puesta en escena es lo más poderoso de la película.
La fotografía es oscura, sucia y desoladora.
Los rostros apenas se ven; más que contemplarlos, hay que adivinarlos.
El mundo de Kingdom es lóbrego, hostil y profundamente triste.
Ciechomski utiliza numerosos planos fijos, sostenidos durante bastante tiempo, con algunos zooms que se aproximan lentamente a los personajes.
También recurre a la pantalla partida, no como simple adorno moderno, sino para mostrar una misma situación desde perspectivas distintas o para enfrentar dos versiones alternativas de la realidad.
El problema es que la potencia visual no encuentra un guion igual de sólido.
La película acumula ideas, símbolos, ambientes inquietantes y recursos formales interesantes, pero carece de una estructura narrativa suficientemente compacta.
Funciona mejor como atmósfera y como advertencia política que como relato.
Interesante, incómoda y visualmente sugerente, aunque narrativamente algo deslavazada.
Los bárbaros pueden estar llegando.
O quizá llevaban todo el tiempo dentro.
Mi puntuación: 7,56/10.
Ficha técnica en este enlace.
***
Yes! – Ken – 2025 – Nadav Lapid – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026
Nadav Lapid es uno de los grandes agitadores del cine israelí contemporáneo.
Debutó con Policeman (2011), a la que siguieron La profesora de parvulario (2014), Sinónimos (2019), Oso de Oro en Berlín, y La rodilla de Ahed (2021),
Premio del Jurado en Cannes.
Su cine siempre ha mantenido una relación conflictiva, furiosa y dolorosa con Israel.
Yes! es su quinto largometraje y posiblemente el más desatado.
La película se presentó mundialmente en la Quincena de Cineastas de Cannes de 2025.
Obtuvo siete nominaciones a los Premios Ophir israelíes y ganó los correspondientes a montaje y sonido.
Nili Feller recibió además el Premio José Salcedo al mejor montaje en la Seminci de Valladolid.
Yes! es una película sorprendente, excesiva y agotadora.
Y., interpretado por Ariel Bronz, y Yasmin, encarnada por Efrat Dor, forman una pareja enamorada, con un bebé y una energía aparentemente inagotable.
Bailan, se besan, se retuercen y recorren las fiestas de la alta sociedad israelí como dos criaturas incapaces de permanecer quietas.
La cámara los acompaña en ese frenesí hasta dejar al espectador pidiendo una tila y un plano fijo.
La película es una sátira feroz contra la élite política, económica y militar israelí que vive instalada en una burbuja de lujo, fiestas, trajes caros y perversiones, mientras Gaza es arrasada a pocos kilómetros.
Para esta gente, la guerra parece otra forma de entretenimiento.
Los soldados mueren o cometen atrocidades, el pueblo palestino soporta bombardeos, hambre y destrucción, y ellos siguen bailando. La frivolidad no es aquí una vía de escape, sino una forma de complicidad.
El conflicto aparece cuando Y. acepta el encargo de poner música a un nuevo himno nacional, ultranacionalista, vengativo y partidario de exterminar todo lo que no encaje en su idea de Israel.
El trabajo abre una grieta en esa pareja aparentemente indestructible y obliga al músico a enfrentarse a su propia cobardía moral: ¿hasta dónde puede vender un artista su talento, su cuerpo y su conciencia para seguir viviendo cómodamente?
La estética es pop, kitsch y deliberadamente estridente.
Hay momentos brillantes, escenas desagradables y situaciones genuinamente hilarantes.
Por momentos parece Paolo Sorrentino después de tres espressos y una crisis nerviosa; en otros, se lanza de cabeza hacia el surrealismo y el cine más vanguardista.
El resultado es muy irregular.
Lapid confunde en más de una ocasión la intensidad con la eficacia, pero incluso cuando irrita resulta difícil apartar la mirada.
Lo más escalofriante es que el vídeo del coro infantil cantando ese himno de destrucción no fue inventado para la película.
Lapid incorpora una grabación publicada realmente después del 7 de octubre, basada en una versión pervertida de Hareut, la conocida canción surgida de un poema de Haim Gouri, convertida en una llamada al aniquilamiento de Gaza.
Cuando la realidad supera semejante sátira, al guionista solo le queda levantar las manos y decir: «Yo ya no puedo hacer más».
Yes! es, en definitiva, un dardo afilado y envenenado clavado en el trasero de las clases dirigentes israelíes.
Deslumbrante y molesta, divertida y desagradable, brillante y extenuante.
No siempre funciona, pero cuando acierta deja una herida difícil de disimular bailando.
Mi puntuación: 7,86/10.
Ficha técnica en este enlace.
***
Si me voy, ¿me echarán de menos? – If I Go Will They Miss Me – 2026 – Walter Thompson-Hernandez – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026
Cómo sobrevivir a un mal padre
Walter Thompson-Hernández procede del periodismo y debutó en la ficción con el cortometraje If I Go Will They Miss Me, premiado en Sundance en 2022.
Después dirigió para Netflix el documental Secretos del deporte: Escoltas y estrenó su primer largometraje, Kites, en 2025.
Si me voy, ¿me echarán de menos?, ampliación de aquel corto inicial, confirma su interés por el realismo social, las comunidades marginales y una imaginación capaz de elevarse por encima del asfalto.
El largometraje se presentó en Sundance 2026 y ha construido un notable palmarés en certámenes estadounidenses con menor altavoz mediático: mejor largometraje narrativo en RiverRun, máximo premio del jurado a una película de ficción en el Berkshire International Film Festival, premio a la mejor fotografía para Michael Fernandez en Brooklyn y premio de la dirección del festival en Atlanta.
Conviene no atribuirle el premio de Sundance 2022, que correspondió al cortometraje original.
Comentario
Estamos ante una película brillante, construida con inteligencia, sensibilidad y una estupenda combinación de realismo social e imaginación.
El guion establece muy bien su conflicto principal.
Big Ant, interpretado magníficamente por J. Alphonse Nicholson, regresa a casa después de uno de sus periodos en prisión.
Quiere evitar que su hijo siga la estela que él mismo ha dejado, sembrada de condenas, salidas en libertad y nuevas caídas.
El problema es que para enseñar un camino distinto hay que saber recorrerlo.
Durante su estancia en la cárcel, Big Ant ha escrito cartas llenas de promesas.
Una vez fuera, incumple casi todas.
En el papel parecía candidato a padre del año; en libertad no supera ni la fase de grupos.
Se muestra distante y áspero con su hijo, es incapaz de adaptarse a la vida familiar y termina dinamitando la convivencia con sus infidelidades y sus malas decisiones.
No es un buen padre, aunque probablemente quiera serlo y no tenga las herramientas emocionales necesarias.
Frente a él se encuentra Lil Ant, interpretado por el estupendo Bodhi Dell.
Es un niño inteligente, sensible y magnífico dibujante que utiliza la imaginación para escapar de una realidad demasiado estrecha.
Ha heredado de su padre y de su abuelo la fascinación por los aviones y el sueño familiar de convertirse algún día en piloto.
Pero la precariedad, la falta de oportunidades y el ambiente en el que vive convierten la cabina de un avión en un horizonte casi inalcanzable.
Y luego está el barrio.
Aunque llamar «un personaje más» al escenario es uno de los comodines más sobados de la crítica cinematográfica, aquí toca utilizarlo porque es verdad.
Las viviendas sociales de Watts, al sur de Los Ángeles y bajo la ruta aérea de LAX, forman una pequeña comunidad mayoritariamente afroamericana, con presencia chicana, en la que existe una auténtica solidaridad vecinal.
Es un lugar incluso idílico en algunos momentos, pero nunca edulcorado.
Algunos vecinos no invitan precisamente a pedirles fuego en un callejón oscuro, aunque tampoco funcionan como simples figurantes amenazadores.
Parecen personas arrancadas de la realidad y aportan al relato una enorme autenticidad.
En medio de esa comunidad podría crecer una familia estupenda.
Sin embargo, las ausencias, las infidelidades y la irresponsabilidad del padre van agrietando el hogar.
Mientras Big Ant permanece atrapado en su propio fracaso, Lil Ant mira constantemente hacia el cielo, buscando en los aviones, los dibujos y la mitología una salida que la vida cotidiana parece negarle.
Una película realmente valiosa, lírica sin ponerse cursi y social sin convertir a sus personajes en un folleto reivindicativo.
Walter Thompson-Hernández retrata con enorme sensibilidad el daño que puede provocar un mal padre y la capacidad de un hijo para sobrevivir imaginando que algún día podrá volar.
Mi puntuación: 7,88/10.
Ficha técnica en este enlace.
***
Seis días en primavera – Six jours ce printemps-là – 2025 – Joachim Lafosse – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026
Joachim Lafosse (Uccle, Bélgica, 1975) es un director y guionista especializado en meter el bisturí en las familias, las parejas y sus miserias.
En su filmografía destacan Propiedad privada, Perder la razón, Los caballeros blancos, Después de nosotros, Un amor intranquilo y Un silencio.
Su cine suele explorar los conflictos emocionales, las diferencias sociales y esos secretos familiares que siempre terminan saliendo del armario.
En Seis días en primavera regresa a esos temas a partir de un episodio de su propia infancia.
La película obtuvo en el Festival de San Sebastián 2025 la Concha de Plata a la mejor dirección para Joachim Lafosse y el Premio del Jurado al mejor guion, firmado por Lafosse, Chloé Duponchelle y Paul Ismaël.
Sana, una madre divorciada y con problemas económicos, decide pasar las vacaciones de Semana Santa con sus hijos gemelos y su nuevo novio en el chalé de su exsuegro, cerca de Saint-Tropez.
El pequeño inconveniente es que nadie les ha dado permiso.
Cosas de familia: donde antes estaba la llave de casa, ahora hay allanamiento con vistas al Mediterráneo.
La película se construye con elementos muy sencillos.
Los niños se bañan, juegan y se divierten con el novio de mamá, mientras Sana vive permanentemente inquieta, esperando que alguien descubra la ocupación clandestina.
Esa amenaza nunca desaparece y convierte unas vacaciones aparentemente felices en una estancia bajo vigilancia.
Bajo esta historia modesta también aparece el desclasamiento: Sana vuelve a un mundo acomodado al que perteneció durante un tiempo, pero del que ahora ha sido expulsada.
La casa sigue allí, pero ella ya es una intrusa.
Especialmente despreciables resultan la vecina chivata y el administrador de la finca, que aprovecha la situación para intentar sacar tajada.
Dos personajes que demuestran que, cuando alguien está en apuros, siempre aparece un voluntario dispuesto a hundirlo un poquito más.
Seis días en primavera es una película pequeña, nada pretenciosa y narrada sin grandes alardes.
Consigue interesar y entretener con unos niños jugando, una madre angustiada y el temor constante a que aparezca el exsuegro con la Guardia Civil francesa.
Una última colleja corresponde a la traducción.
Los subtítulos se permiten cambios que en ocasiones resultan poco apropiados.
El propio título español pierde un matiz importante: Six jours ce printemps-là sería más fielmente Seis días aquella primavera o, en una versión algo más natural, Seis días en aquella primavera.
No es lo mismo que Seis días en primavera: al desaparecer “aquella”, también se diluye la idea de un recuerdo concreto.
Traducir no es calcar, desde luego, pero tampoco podar porque sí.
Mi puntuación: 7,55/10.
Ficha técnica en este enlace.
***
H de halcón – H Is for Hawk – 2025 – Philippa Lowthorpe – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026
La británica Philippa Lowthorpe comenzó su carrera en el documental y ha desarrollado buena parte de su trayectoria en televisión.
Fue la primera mujer en ganar el BAFTA a la mejor dirección de ficción televisiva por Call the Midwife.
También ha dirigido Three Girls, episodios de The Crown y El tercer día, además de las películas Golondrinas y amazonas y Rompiendo las normas.
En H de halcón adapta, junto a Emma Donoghue, las memorias de Helen Macdonald.
H de halcón fue nominada al BAFTA 2026 a la mejor película británica.
Su directora de fotografía, Charlotte Bruus Christensen, también recibió una nominación en los British Independent Film Awards.
Aunque se presenta como una producción británica, se trata en realidad de una coproducción entre Reino Unido, Estados Unidos y Singapur.
Eso sí, su acabado es inconfundiblemente británico: fotografía impecable, escenarios cuidados y una dirección artística capaz de conseguir que hasta una casa hecha un estercolero resulte elegante.
El personaje central es Helen Macdonald, interpretada estupendamente por Claire Foy.
Tras la muerte repentina de su padre, Alisdair, encarnado por Brendan Gleeson en un papel breve pero fundamental, Helen se queda sin brújula emocional.
Su tabla de salvación será Mabel, un azor al que decide cuidar y adiestrar.
El azor no es exactamente un halcón —aunque el título español vaya por libre—, sino una rapaz especialmente poderosa, nerviosa e indómita.
Un animal que exige tanta dedicación que permite a Helen ocuparse de cualquier cosa menos de sí misma.
El duelo termina transformándose en una depresión profunda.
Ahí está lo más interesante de la película: el aislamiento progresivo, el abandono del aseo, el deterioro de la casa, la incapacidad para trabajar y la desconexión de familiares y amigos.
Su entorno percibe que algo marcha mal, pero tarda demasiado en comprender que no está simplemente triste.
Cuando por fin interviene una profesional, un cuestionario ayuda a identificar y medir los síntomas.
Conviene puntualizar que ningún test diagnostica por sí solo una depresión: el diagnóstico es clínico.
Tampoco queda claro qué tratamiento recibe, así que atribuir su mejoría exclusivamente a los antidepresivos sería una inferencia.
Estos pueden comenzar a hacer efecto en unas semanas, pero no funcionan por decreto ministerial.
Claire Foy sostiene el drama con una interpretación muy física y entregada.
Está magnífica, aunque en algún momento se aproxima peligrosamente al Campeonato Mundial de Intensidad Interpretativa.
Brendan Gleeson aporta calidez y Mabel demuestra que para tener personalidad no hacen falta diálogos, solo pico, garras y bastante mala leche.
El problema es que la película no termina de confiar en la fuerza de su propio drama.
Siempre que el relato amenaza con volverse incómodo introduce algún acontecimiento tranquilizador, como si temiera que el espectador saliera del salón sin su correspondiente abrazo emocional.
La escena final pretende convertirse en el gran momento lacrimógeno, pero está demasiado preparada y metida con calzador.
H de halcón retrata bien la depresión y ofrece una estupenda interpretación de Claire Foy, pero acaba domesticando el dolor para que nadie abandone la película con las plumas demasiado revueltas.
Mi puntuación: 6,56/10.
Ficha técnica en este enlace.
***
***

Muchos besos y muchas gracias.
Chistes y críticas en holasoyramon.com
Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
Colaborador de Esradio Guadalajara, Alcarria TV, Nueva Alcarria y GuadaTV Media
El Heraldo del Henares










