viernes , 15 diciembre 2017
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“Democracia”, de Michael Frayn

<< Grandeza y miserias de la política>>

Democracia puede considerarse un drama político en el más estricto sentido del término, con el ingrediente añadido del espionaje para acabar de cerrar el círculo de imposturas, traiciones, medias verdades, deslealtades y maquinaciones que, junto a la no siempre clara y decidida vocación de servicio caracterizan la vida del político y el ejercicio del poder.

Inspirada en hechos reales, la obra explora la singular relación que mantuvo el carismático Willy Brandt, canciller de la Alemania Federal desde 1969 hasta 1974 con su asistente personal Günter Guillaume, un oscuro funcionario del partido que supo granjearse su confianza pese a las reticencias de algunos de sus más estrechos colaboradores y miembros destacados del partido. El descubrimiento en 1973, en plena crisis de gobierno, de que Günter Guilaume era un espía al servicio de la Stasi, la policía política de la República Democrática Alemana, precipitaría la caída de Brandt, acosado para entonces por escándalos relacionados con su adulterio y con su afición a la bebida.

La obra conjuga una faceta, digamos, más documental, el día a día de la política en el partido, en la cámara y en la cancillería con otra más personal, más humana, que muestra cómo fue la relación entre el canciller y su asistente. Aún de manera sintética, la obra retrata con acierto el cambio de clima político en la RFA durante la legislatura -la llamada Ostpolitik, estrategia de acercamiento a los países del bloque del Este-, auspiciado por Willy Brandt, la desconfianza y las críticas de la oposición, personalizadas en la figura de Hans-Dietrich Genscher, de la CDU, luego ministro de exteriores, y las intrigas de algunos miembros de su mismo partido socialdemócrata, como el influyente Herbert Wehner o quien sería su sucesor en la cancillería, el oportunista Helmut Schmit.

Pero el mayor acierto, sin duda radica en el dibujo de la estrecha relación que mantiene Brandt con Günter Guillaume quién, en una curiosa variante de síndrome de Estocolmo, termina “seducido” por el hombre al que en realidad está traicionando y por la democracia que en teoría está llamado a destruir. Y quizá las escenas más logradas, teatralmente hablando, sean aquellas en las que la familiaridad que provoca el trato diario –en el despacho, en trenes, en hoteles, en celebraciones o en reuniones familiares- da pie a la confidencia íntima. Ahí, sobre todo, es donde se descubre al hombre que hay detrás del espía o del político; los recovecos por donde se filtra la sospecha o el miedo a ser descubierto en el caso del primero; el “peso de la púrpura”, la duda ante las grandes decisiones, o la soledad del hombre público una vez que ha caído en desgracia, en el caso del segundo.

Aunque la acción parece desarrollarse a golpe de titular de periódico (que es lo que orienta, por cierto, en muchas ocasiones, la acción política) y la obra acusa la sobriedad del testimonio histórico o del documento periodístico -acentuados también por la propia escenografía, que evoca en clave simbólica la frialdad y la despersonalización de las dependencias oficiales de los grandes edificios de la administración del estado-, el director del montaje apuesta por una poética diametralmente opuesta al verismo naturalista; imprime al espectáculo un ritmo trepidante sustentado en un vigoroso y complejo movimiento escénico. Los intérpretes, a su vez, y como parte de un todo que funciona como una máquina de precisión, firman un gran trabajo de actuación. En la construcción de sus respectivos personajes aportan un caudal de recursos expresivos -más allá de la mera gestualidad del rostro- a la que no estamos acostumbrados. Sin excluir una adecuada dosis de psicologismo lo que predomina sobre todo es una racionalización del movimiento y de la expresividad corporal que nos retrotrae a Meyerhold y a su escuela, una depurada técnica de actuación que constituye uno de los principales alicientes del montaje.

Gordon Craig (27-XI-2017)

Ficha técnico artística:

Autora: Michael Frayn.

Con:Andrei Bazhin, Alexei Blohin, Alexander Doronin, Ilya Isaev, Petr Krasilov, Alexei Maslow, Alexei Myasnikov, Alexander Rugulin,Alexei Veselkin y Oleg Zima.

Escenografía: Stanislav Benediktov.

Russian Academic Youth Theatre.

Dirección: Alexei borodin.

Madrid. Teatro Valle-Inclán.

27 de noviembre de 2017.

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