martes , 22 octubre 2019
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‘La geometría del trigo’, de Alberto Conejero: “Tragedia rural de tintes lorquianos”

Es esta última obra de Alberto Conejero (Jaén, 1978) una historia trágica y esperanzada. Construida, según parece, a partir de un recuerdo de juventud que la madre del dramaturgo compartió con él sobre unos sucesos reales acaecidos en un pequeño pueblo de la cuenca minera jienense, la obra tiene todos los aditamentos de una tragedia rural: la ruptura y el escándalo subsiguiente -estamos en las postrimerías del franquismo-, de un matrimonio joven cuando la mujer (Beatriz) descubre la homosexualidad del marido (Antonio) y le abandona de la noche a la mañana para emigrar a Barcelona y dar a luz y criar sola a un hijo engendrado por él.

30 años después, este hijo (Joan), producto de la emigración, criado sin padre y nostálgico de sus orígenes, parece inhabilitado para mantener una relación normal con Laia, su pareja una arquitecto barcelonesa; las dificultades se acrecientan cuando ambos viajan al pueblo de Jaén con ocasión del entierro de Antonio. Joan descubre sus raíces en el lugar donde han vivido sus ancestros y Laia se da cuenta de que estos parajes abruptos circundados de olivares polvorientos constituyen un nuevo e inesperado muro que se interpone entre ella y el amor de su vida. Al final, sin embargo una carta de Beatriz a su hijo reconociendo su error al abandonar a su padre años atrás e instándole a que sea generoso y comprensivo abre un puerta a la esperanza. Y todo hace pensar que la respuesta a la pregunta transcendental que Laia se hace en la escena final (“Necesito saber si hay algo que el amor entregue y no muera con nosotros”) tendrá una respuesta afirmativa.

Se trata como vemos de dos historias entrelazadas, donde las escenas relativas a los dos tiempos distintos en los que se desarrolla la acción se suceden con suma fluidez iluminándose unas a otras en un continuo juego de interdependencias. La escenografía, un suelo terroso enmarcado por un muro blanco, agrietado, constituye quizá una metáfora de esa grieta generacional que separa a los protagonistas, pero también la hendidura –sima, más bien- que separa el pasado del presente, o formas distintas de entender la sexualidad, la vida o las relaciones humanas. Escenografía sobria, en todo caso, que recuerda las fachadas encaladas de las modestas casitas de los pueblos andaluces de las comarcas del interior, que no le resta un ápice de protagonismo a la presencia física de los actores, a sus miradas, a sus silencios, a la palabra ajustada de los diálogos y a un lenguaje que a veces tiene resonancias del verbo encendido lorquiano, ecos de la fuerza telúrica de algunas imágenes poéticas de Miguel Hernández o reverberaciones del lirismo y la desolación de la poesía de Cernuda (“Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos,/ como nace un deseo, sobre torres de espanto./…”).

Dirigido por el propio Alberto Conejero, con un elenco perfectamente afinado y compenetrado, el espectáculo fluye a buen ritmo sin disonancias, rémoras ni tiempos muertos y sin asomo de moralina que empañe la mirada necesariamente crítica hacia el pasado ni el nítido mensaje de respeto y tolerancia por las diversas opciones de vida de los personajes. No quisiera hacer distingos porque todos los actores hacen un trabajo modélico. Emocionan el dolor y la amargura por la pérdida del desconsolado Samuel (José Troncoso) aguantando los reproches de un impulsivo y lleno de sentimientos encontrados Joan (José Bustos) en el turbulento vis a vis que mantienen tras el funeral de Antonio(Juan Vinuesa), un hombre torturado por el sentimiento de culpa. La vitalidad, la frustración y la rabia al sentirse postergada de Beatriz (Zaira Montes) o la vehemencia y el apasionamiento de Laia (Eva Rufo) contrastan con la ponderación, la actitud resignada y el sentido de la realidad de Emilia, madre de Beatriz, interpretada por la veterana Consuelo Trujillo.

Gordon Craig, 18-II-2019.

Ficha técnico artística:

Autor: Alberto Conejero.

Con: José Bustos, Zaira Montes, Eva Rufo, José Troncoso, Consuelo Trujillo y Juan Vinuesa.

Escenografía: Alessio Meloni.

Dirección: Alberto Conejero.

 Madrid. Teatro Valle-Inclán

Hasta el 24 de febrero de 2019.

Acerca de Gordon Craig

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