Un año más, por decimocuarto consecutivo, el crítico de cine de EL HERALDO DEL HENARES, Ramón Bernadó, viaja hasta Málaga para cubrir una nueva edición del Festival de Cine que esta espléndida capital andaluza celebra cada año y que en esta ocasión se celebra del 6 al 15 de marzo.
En esta sección, se irán publicando las críticas de aquellas películas y eventos varios a los que día a día acuda nuestro enviado especial.

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Lapönia – 2026 – David Serrano – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga
David Serrano es uno de esos directores españoles que han demostrado que la comedia comercial bien hecha también puede tener personalidad.
Saltó a la fama con la muy popular El otro lado de la cama (2002), aquel musical gamberro que convirtió las canciones de los 80 en argumento cinematográfico.
Después llegarían Días de fútbol (2003), Los dos lados de la cama (2005), Una hora más en Canarias (2010) o Tenemos que hablar (2016).
También ha trabajado mucho en teatro y como guionista, lo que explica perfectamente por qué en Laponia el diálogo manda y la puesta en escena recuerda tanto a una función teatral.
Comentario
Laponia es una película que podría haberse rodado perfectamente en un escenario con cuatro focos, una mesa, un sofá y un árbol de Navidad. Y probablemente funcionaría igual de bien. O igual de mal, según el humor que uno tenga ese día.
La premisa es sencilla: dos hermanas se reúnen en Navidad en la Laponia finlandesa con sus respectivos maridos. Natalia Verbeke (que interpreta a la hermana que llega desde España) aparece con su pareja, el siempre reconocible Julián López, que aquí encarna a un profesor bastante intenso.
La otra hermana, interpretada por Ángela Cervantes, vive allí con su marido finlandés, al que da vida Vebjørn Enger.
Y claro, lo que empieza como una reunión navideña civilizada acaba convirtiéndose en un debate filosófico con sidra, vino y reproches familiares.
El detonante del conflicto es aparentemente inocente: ¿hay que mantener la ilusión de Papá Noel en los niños o decirles la verdad desde pequeños? A partir de ahí se abre la caja de Pandora.
Empiezan a salir viejas heridas familiares, reproches entre hermanas, diferencias culturales entre españoles y nórdicos y esa eterna discusión entre la mentira piadosa y la verdad incómoda.
La película funciona casi exclusivamente a base de diálogo. Mucho diálogo. Muchísimo diálogo. Tanto que uno tiene la sensación de estar viendo una obra de teatro filmada, que de hecho no anda muy lejos de la realidad: el guion parte de una obra teatral muy exitosa escrita por Cristina Clemente y Marc Angelet.
Lo mejor del conjunto son claramente los actores. Los cuatro están muy bien, pero Ángela Cervantes juega en otra liga. Tiene una naturalidad y una fuerza que se comen la pantalla sin necesidad de levantar mucho la voz. Es, de largo, lo mejor de la película.
Julián López, por su parte, se mete en un papel dramático que intenta ser serio… pero su vis cómica es tan potente que cuesta no esperar que en cualquier momento suelte una de esas frases absurdas marca de la casa. No es culpa suya: hay actores que llevan el humor pegado al ADN.
En resumen, Laponia es una película entretenida, bien interpretada y con un conflicto interesante sobre la mesa.
Pero también es, sin disimularlo demasiado, teatro filmado. Lo cual no es necesariamente malo… salvo que uno haya ido al cine esperando ver algo más que cuatro personas discutiendo durante hora y media sobre Papá Noel y la educación de los niños.
Eso sí: después de verla dan ganas de pasar las Navidades en silencio. O mejor aún… en Laponia, pero cada uno en su cabaña.
Mi puntuación: 5,57/10.
Ficha técnica en este enlace.
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Los justos – 2026 – Jorge Lara, Fer Pérez – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga
La película está dirigida por Jorge Lara y Fer Pérez, dos cineastas que hasta ahora han trabajado sobre todo en televisión, publicidad y proyectos audiovisuales de menor formato.
Los justos supone uno de sus primeros largometrajes de ficción con mayor visibilidad en el circuito de festivales.
Su trayectoria previa no es especialmente extensa en cine comercial, lo que explica también el tono contenido y muy teatral del proyecto, claramente apoyado en el guion y en el trabajo de los actores.
Comentario
Los justos es una película que parte de una premisa tan sencilla como inquietante: nueve ciudadanos están reunidos para decidir la culpabilidad de un empresario acusado de corrupción.
Vamos, algo que recuerda inevitablemente a Doce hombres sin piedad, pero en versión española, con menos hombres, menos solemnidad… y bastante más tentaciones por el camino.
Porque aquí llega el truco de la función. Cada uno de los miembros del jurado recibe una fotografía de esas que cambian según la inclinas —de las que teníamos todos de pequeños— con un mensaje que básicamente viene a decir: hay un millón de euros esperando… si tomas la decisión correcta. O la incorrecta. Según se mire.
Y claro, ahí empieza el verdadero espectáculo.
La película plantea algo que todos intuimos pero que pocas veces queremos admitir: vivimos en una sociedad que condena la corrupción con gran entusiasmo… siempre que la corrupción sea de otros. Pero cuando el dinero aparece delante de nuestras narices, la moral empieza a hacer cosas muy raras.
Los nueve personajes funcionan como nueve estereotipos bastante reconocibles de la sociedad española actual. Cada uno con sus problemas personales, sus dificultades económicas o sus frustraciones. Porque aquí nadie vive en la abundancia. Y cuando las cuentas no salen a final de mes, la ética se vuelve un concepto bastante flexible.
La película es absolutamente teatral.
Todo se sostiene en el diálogo, en los enfrentamientos verbales, en las posiciones morales que van cambiando según sopla el viento… o según se mire la foto del millón de euros.
Dentro del reparto, quienes llevan claramente la voz cantante son Carmen Machi y Vito Sanz (que interpretan a dos de los personajes más potentes del grupo).
Carmen Machi, como casi siempre, se mueve con una naturalidad insultante, dominando cada escena en la que aparece.
El principal reproche que se le puede hacer a la película tiene que ver con algo muy sencillo: el cine tiene herramientas que aquí apenas se utilizan.
Cuando los personajes empiezan a explicar sus vidas, sus problemas o sus motivaciones, uno no puede evitar pensar: ¿por qué no mostrarlo en lugar de contarlo?
Un simple flashback habría aportado aire cinematográfico a lo que termina siendo un largo coloquio filmado.
Pero claro, eso cuesta dinero.
Y Los justos es claramente una producción de presupuesto modesto.
Rodar en más escenarios, añadir personajes o reconstruir el pasado de cada uno habría supuesto otra película mucho más cara… probablemente más cinematográfica… pero también bastante más difícil de levantar.
Así que al final la película termina hablando de algo muy curioso: de cómo el dinero condiciona la moral… y también el propio cine.
Porque seamos sinceros: ¿a quién no le vendría bien un millón de euros?
Incluso para rodar una película un poco más cara.
O para votar en un jurado.
O para dormir mucho más tranquilo por las noches.
Mi puntuación: 6,56/10.
Ficha técnica en este enlace.
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Millennial Mal (Serie) – 2026 – Lorena Iglesias (Creadora) – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga
La serie está creada y protagonizada por Lorena Iglesias, humorista y guionista que ha trabajado en televisión y en proyectos de comedia.
Ha colaborado en programas como La Resistencia o Yu: No te pierdas nada, además de participar en diferentes formatos humorísticos y en internet.
Millennial Mal es uno de sus proyectos más personales, en el que asume tanto la creación como el papel protagonista, intentando trasladar su universo cómico al formato de serie.
Comentario
En el Festival de Málaga nos ponen tres episodios de Millennial Mal. Tres. No uno para probar. Tres. Algo así como cuando en el médico te dicen que la vacuna puede dar algo de fiebre… pero no te explican cuánta.
La premisa es la siguiente: Lorena Iglesias interpreta a una mujer de cuarenta y muchos años —aunque visualmente parece que haya superado con holgura la barrera de los cincuenta— que pierde su trabajo como bibliotecaria.
En medio de su crisis vital descubre una beca para estudiar Historia en la universidad… pero con una condición: está reservada para menores de 30 años.
¿Solución? Pues hacerse pasar por joven.
Para ello contará con la ayuda de dos chicas veinteañeras que conoce por casualidad y que intentarán “rejuvenecerla” a base de cambios de look, actitud y supuesta mentalidad millennial.
La teoría suena a comedia generacional con cierto potencial: choque de edades, impostura, redes sociales, postureo universitario…
El problema es que una cosa es la idea… y otra muy distinta el resultado.
La serie intenta moverse en el terreno de la comedia, pero se queda atrapada en algo bastante peor: la ausencia total de gracia. Y eso en una comedia es un pequeño inconveniente. Como rodar una película de submarinos sin agua.
De los tres episodios que se proyectan, el primero resulta directamente insoportable.
El segundo consigue el pequeño milagro de ser todavía peor.
Y el tercero ya entra en territorio casi experimental: comprobar hasta qué punto un espectador puede mantenerse sentado esperando que llegue una broma que nunca llega.
El gran problema de Millennial Mal es que su humor parece basado en la idea de que basta con decir cosas raras o exageradas para que el público se ría. Pero el público, que a veces es muy poco colaborador, decide no hacerlo.
Y no hay nada más incómodo que una comedia que se esfuerza muchísimo en ser graciosa… y no lo consigue.
Una lástima, porque el punto de partida —una mujer obligada a fingir ser veinteañera para sobrevivir laboralmente— podría haber dado para una sátira interesante sobre la precariedad, la edad y el culto absurdo a la juventud.
Pero al final la sensación es que la serie naufraga completamente.
Penosa. Penosa. Penosa.
Y eso que solo vimos tres capítulos.
Imaginarse una temporada completa ya requiere una beca… pero de resistencia psicológica.
Mi puntuación: 2,53/10.
Ficha técnica en este enlace.
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Mil pedazos – 2026 – Sergio Castro-San Martin – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga
El director chileno Sergio Castro San Martín lleva años trabajando en el cine independiente de su país, moviéndose en territorios bastante poco complacientes.
Entre sus trabajos más conocidos están La mujer de barro (2015), un drama muy áspero ambientado en el desierto de Atacama, y Tierra sola (2017), documental rodado en la isla de Pascua que ya mostraba su gusto por los espacios aislados y los personajes atrapados en situaciones límite.
Con Mil pedazos vuelve a ese territorio incómodo, donde los paisajes parecen pesar tanto como los propios personajes.
Comentario
La última película de este día en el Festival de Málaga llega desde Chile y no es precisamente una comedia navideña.
Mil pedazos es una de esas películas que te dejan con el ánimo como el paisaje: seco, vacío y con ganas de un café fuerte.
La historia arranca con una familia que ya viene bastante averiada de serie.
Un matrimonio interpretado por Daniel Muñoz y Paola Giannini, una niña y una perra.
La familia está en pleno proceso de descomposición emocional: separación en ciernes, tensiones acumuladas y un ambiente que se podría cortar con cuchillo.
El padre parece una especie de criatura cansada que camina por inercia, mientras que la madre es quien mantiene las riendas de la situación… o al menos lo intenta.
En mitad de ese clima familiar bastante poco festivo ocurre un accidente en un paraje absolutamente brutal del norte de Chile. Un desierto montañoso donde lo único que hay alrededor es… nada. Y cuando digo nada, es nada de verdad. Ni gente, ni animales, ni esperanza.
A partir de ahí la película se desarrolla con una sequedad formal tremenda.
Sergio Castro San Martín no explica demasiado, no subraya nada y deja que el espectador vaya reconstruyendo lo que ocurre poco a poco.
Es de esas películas que te obligan a ir completando el puzzle en tu cabeza mientras avanzan las escenas.
El resultado es bastante desolador.
Los personajes están atrapados en un duelo brutal por lo que ha sucedido y el paisaje parece amplificar ese vacío emocional.
Esos planos enormes del desierto chileno, infinitos y completamente deshabitados, terminan siendo casi un personaje más de la historia.
Hay elementos que desconciertan un poco.
Por ejemplo, el uso de una cámara digital por parte de la niña, que parece situarnos en una época cercana a los primeros años del siglo XXI, cuando los móviles aún no eran omnipresentes.
Pero más adelante la madre utiliza un teléfono móvil con total normalidad, lo que deja una cierta sensación de descoloque temporal.
También resulta intrigante el comportamiento del padre en algunos momentos.
En dos ocasiones se lava con agua como si estuviera intentando purificarse, como si estuviera limpiando algo más que el polvo del desierto. Eso deja la sospecha de que quizá cargue con algún tipo de culpa por el accidente que ha destrozado a la familia.
En cualquier caso, Mil pedazos es una película muy interesante. De esas que no te lo dan todo masticado y que invitan a discutirla después con calma.
No es cómoda, no es amable y desde luego no es la típica película para salir del cine con una sonrisa.
Pero precisamente por eso resulta tan estimulante.
De las que generan conversación.
Y de las que siguen dando vueltas en la cabeza cuando ya has salido del cine. Aunque sea con el ánimo tan seco como el desierto chileno.
Mi puntuación: 7,67/10.
Ficha técnica en este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
Colaborador de Esradio Guadalajara, Alcarria TV, Nueva Alcarria y GuadaTV Media
El Heraldo del Henares








