La provincia de Guadalajara ha vuelto a oler a ceniza. El año pasado fue el de Peñalba de la Sierra y el Pico del Lobo. Otros veranos los de Valdepeñas de la Sierra, o Cerezo de Mohernando, o.. Este año, el de La Mierla, que ha arrasado decenas de miles de hectáreas mientras asistíamos al espectáculo patrio favorito: el Ejecutivo regional enfundado en su capa de superhéroes invisibles, sacando pecho por un despliegue que llegó cuando el monte ya era una pira funeraria. Eso sí, para dar ruedas de prensa, repartir eslóganes y buscar culpables fuera de su despacho, Page siempre tiene un helicóptero disponible
Texto de Andoni Madrid y Cuka Leyre
El incendio forestal de La Mierla, que se inició el pasado 16 de Julio por causas que apuntan a labores agrícolas, se ha convertido en el tercer mayor incendio en España en este siglo con más de 35.000 hectáreas arrasadas según datos provisionales del sistema de observación satelital Copernicus. Además, es el mayor desastre forestal de la historia de Castilla-La Mancha y de la provincia guadalajareña, tras superar con creces las 12.733 hectáreas que ardieron en la Riba de Saelices en el 2005, y en el que fallecieron 11 bomberos del retén de Cogolludo.
Y así, mientras, un año más, los pueblos de la Sierra Norte veían como las llamas rozaban sus puertas y los vecinos se organizaban con mangueras y cubos compases, el Gobierno de Castilla-La Mancha aplicaba su estricto protocolo de pasividad ilustrada ¡Para qué movilizar recursos a tiempo si se puede esperar a que la situación sea incontrolable y así la foto de la catástrofe luzca más épica!, parecían querer decir.
La provincia de Guadalajara ha vuelto a arder bajo la misma sombra de la incompetencia y el abandono institucional. Mientras miles de hectáreas se convierten en un cementerio de cenizas, el presidente regional, García-Page, parece querer demostrar una y otra vez que su prioridad absoluta no es la seguridad de los ciudadanos ni la protección del patrimonio natural, sino su supervivencia política y el blanqueo constante de su nefasta gestión. La respuesta de la Junta ante esta crisis ha sido una burla macabra a los afectados. Con un dispositivo de extinción que llegó tarde, desbordado y carente de los recursos necesarios en el momento decisivo, el Ejecutivo autonómico prefirió priorizar la propaganda de despacho antes que pisar el barro.

Es intolerable que, año tras año, ante la previsión de catástrofes que se avistan con meses de antelación, el Gobierno regional mantenga una pasividad cuasi criminal en materia de prevención y limpieza de montes, a lo que se suma una más que evidente carencia de medios y personal de extinción de incendios. No hemos aprendido nada del incendio de 2005.
Pero más grave aún es la bajeza moral con la que se responde a las víctimas. Para este gobierno socialista, los pueblos de Guadalajara sólo existen cuando hay que mendigar votos o inaugurar obras menores: en los momentos de tragedia, se convierten en daños colaterales de un liderazgo hueco y egoísta. Más de 1.200 vecinos, de más de 34 pueblos evacuados y 14 confinados por el incendio, ya controlado y perimetrado, van recuperando poco a poco la normalidad, si eso es posible, y esperan retomar sus vidas con la extinción total del incendio en los próximos días

Ante este panorama de destrucción y cinismo político, el ciudadano de a pie se pregunta si el señor García-Page tiene la conciencia tan anestesiada que necesita ver arder una y otra vez la región entera, como está pasando este verano, para darse cuenta de que su incompetencia, sumada a la de su bocazas consejera de Desarrollo Sostenible, Mercedes Gómez, que ha conseguido lo imposible, unir en su contra a oposición, sindicatos y ecologistas; y del director técnico de extinción, el incombustible en el cargo (él sí, los montes que dependen de él, a la vista está que no), Miguel Ángel Aguilar, ya no se disimula con platós televisión y photocalls. ¿O no?
El Heraldo del Henares
