Menudo mes de agosto llevamos en Guadalajara. Si cruzar la ciudad ya solía requerir altas dosis de paciencia y un máster en orientación entre vallas, este verano el Ayuntamiento ha decidido que nos merecemos un nivel superior en este divertido videojuego de la movilidad urbana. Entre las obras del entorno del asilo en la Concordia, las de la Llanilla y el despliegue de zanjas veraniegas, pasear por nuestras calles se ha convertido en un deporte de riesgo
Crónica de Andoni Madrid y Cuka Leyre
Pero la joya de la corona, el monumento al “aquí mando yo y tengo fondos europeos que gastar”, se lo lleva el flamante proyecto para transformar el denominado ‘Eje de Cardenal González de Mendoza-Santuario Virgen de la Antigua‘. Nada más y nada menos que más de 8,5 millones de euros (con los 2,7 millones recién entrenados, preparados y cocinados desde los despachos municipales) para un lavado de cara integral que promete llenarnos la vida de modernidad, sostenibilidad y cemento verde.
Eso sí, mientras los sesudos despachos municipales celebran la aprobación del expediente de contratación y se llenan la boca con palabras tan bonitas como “humanización”, “movilidad peatonal” y “estrategias integradas”, el asfalto arde y la realidad de la calle es otra muy distinta
Por este motivo, el ciudadano de a pie se pregunta si es verdaderamente necesario gastarse más de 8 millones de euros en rediseñar este eje a golpe de ocurrencia faraónica, dejando el resto de los barrios de nuestra ciudad con baches kilométricos, mientras nos imponen un auténtico embudo circulatorio que convertirá la zona en una ratonera insostenible.

Porque claro, los genios del urbanismo municipal lo llaman “apostar por una ciudad más verde y accesible”, pero los vecinos lo traducimos en retenciones kilométricas, calles cortadas a cal y canto y una más que previsible improvisación circulatoria. Nos venden catálogos futuristas mientras sufrimos el día a día de una Guadalajara patas arriba.
Parece que el Ayuntamiento ha confundido gobernar con coleccionar maquetas de cemento y proyectos de escaparate, olvidándose por completo de que por aquí transitamos personas de carne y hueso que necesitamos llegar a nuestro trabajo, aparcar sin rezar a todos los santos y circular sin jugarnos el parachoques en el intento. ¿O no?
El Heraldo del Henares